- Buenas tardes, quisiera ser atendido por favor. Solicita la primera en la fila.
El silencio da su firme respuesta, omitiendo la consulta. Tal desinterés dio piedra libre a la frustración de varios, flaqueando el frente de ataque.
- ¿Es que acaso no somos tenidos en cuenta? Preguntas sin respuesta vagaban en un aire de incertidumbre y desoncierto. El pequeño y acogedor recinto había pasado de ser una amigable sala amarilla a ser un sumidero de ira y desatención. Las agujas de los 4 relojes de la sala parecían arrastrarse conformando una sincornizada coreografía, la cual no hacía más que impacientar a los clientes. Con el paso de los minutos, la resignación empezó a hacerse un lugar en las gargantas resecas de los presentes, así empezaron a retirarse varios de los que una vez supieron conformar las primeras líneas de espera.
Todo siguió de la misma forma durante horas, almas esperanzadas se retiraban del recinto ya disecadas y con una leve coloración gris sobre sus espaldas. Hasta que la calma se convirtió en esperanza, un leve movimiento se vislumbró del otro lado del mostrador. Tres empleados rigurosamente vestidos salieron en fila por la pequeña puerta azul que los separaba del aire de crispación.
- Su atención por favor, les avisamos a los señores clientes que el horario de atención ha finalizado. A los que para el día de mañana mantengan vigentes sus solicitudes, se los invita a volver temprano a la oficina para conseguir sus números.
No hay comentarios:
Publicar un comentario